"Para atrás ni para coger impulso" se suele decir. Sin embargo, siempre suele ser más fácil decir las cosas que hacerlas. Quizá por eso me encuentro aquí delante de la pantalla escribiendo estas líneas, porque llevo todo el día frente al ordenador con gripe mirando viejas fotos y me ha entrado la vena nostálgica. Y no es que sea un tío tristón, lo que pasa es que hoy me ha dado por ahí, porque de hecho, creo que esta es de las mejores etapas de mi vida, pero por lo visto eso no quita que sigamos recordando el pasado.
Recuerdo aquellas fotos con mi abuelo, fallecido hace unos meses y lo bien que lo pasábamos los sábados jugando a las cartas y tocando la guitarra. Son momentos que creo que siempre conservaré en mi memoria, al igual que recordaré siempre que fue él el que me enseñó a afeitarme, a montar en bicicleta y el que siempre me daba los mejores consejos sobre las chicas. Era un verdadero amigo además de alguien que contribuyó claramente a que en estos momentos sea lo que soy, no creo que pueda expresar bien el cariño que sentía por él.
Pero no eran esas las únicas fotos que había en mi baúl digital de los recuerdos, rebuscando un poco saltaron a mi vista las imágenes de mi infancia, el colegio, época que aún recuerdo con cariño. Me pongo a mirar la orla de primaria y a comparar a la gente con lo que es en el día de hoy y la verdad es que hay bastantes sorpresas. Muchos han dejado los estudios, otros tantos han tenido problemas con la droga y otros, más afortunadamente han encontrado trabajo o continúan estudiando. El tiempo cambia a las personas y las cambia mucho.
Unas páginas más adelante en mi particular álbum me encuentro con las primeras fotos de la que hoy es mi novia; y esto es lo que definitivamente me desborda. Es difícil explicar lo que la extraño, lo difícil que se me hace hablar con ella cada día y, sin embargo no poder siquiera acariciarla. Veo a otras parejas por ahí y pienso que realmente lo suyo es muy fácil, lo difícil es verse cuando entre ambos hay miles de kilómetros de distancia y, lamentablemente, ese es mi caso. Sabía que esto iba a ser duro pero no imaginaba que fuera tanto. Supongo que será el precio que hay que pagar por salirse de la norma, por ser diferente, por buscar la felicidad lejos de casa.
Definitivamente, más me vale cerrar el álbum de una vez y dedicarme a rellenar páginas en uno nuevo, que seguro miraré con la misma nostalgia un día como hoy dentro de unos años.
